Sobre el derecho de los niños a ser escuchados, según las normas y la realidad que no se cuenta.

El artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas de 20 de noviembre de 1989 determina el derecho del niño a ser escuchado.
La Observación General Núm. 12 (2009) del Comité de los derechos del Niño refiere que el niño tiene el “derecho a
expresar libremente su opinión “, y” libremente “significa que el niño puede expresar sus opiniones sin presión y puede elegir si quiere o no a ejercer su derecho a ser escuchado.
“Libremente” también significa que el niño no puede ser manipulado o ser sometido a la influencia indebida o presión. “Libremente” también es una noción que está intrínsecamente ligada a la perspectiva propia del niño: el niño tiene derecho a expresar sus propios puntos de vista y no los puntos de vista de los demás.
Y el Instrumento de Ratificación del Convenio Europeo sobre el Ejercicio de los Derechos de los Niños, hecho en Estrasburgo el 25 de enero de 1996, dice que en los procedimientos que afecten a un niño, la autoridad judicial, antes de tomar cualquier decisión, deberá:

– consultar personalmente al niño en los casos oportunos, si es necesario en privado, directamente o por mediación de otras personas u organismos, de una forma apropiada a su discernimiento, a menos que ello sea manifiestamente contrario a los intereses superiores del niño;
– permitir al niño expresar su opinión;

y tener debidamente en cuenta la opinión expresada por el niño.

Pero ésto no es así.

Comparecencias de familiares en las Fiscalías de Menores,  que se personan con los niños y denuncian situaciones dónde están los niños afectados cómo víctimas y los Fiscales no quieren escucharlos.

Procedimientos Judiciales dónde se solicitan que los niños accedan al procedimiento como sujetos principales de plenos derechos y el juzgador contesta que “No procede”.

Situaciones de tutelas administrativas por parte de los sistemas de protección a la infancia, dónde en sus informes no se reflejan las actuaciones de escucha a los niños.

Cuando se consiguen esos informes, ya que en Cataluña (Y nos consta que en otras Comunidades Autónomas también) la Administración recurre al silencio administrativo ante la petición de información, por ejemplo cuando El defensor de las Personas insta durante años y en numerosas ocasiones a que les faciliten el acceso a ellos y ni tan siquiera reciben respuesta explicativa.

Un suma y sigue en vulnerar los derechos de la infancia.

Los niños no son escuchados, ni tan siquiera se les oye pese a que aquellos que deben velar por garantizar el bienestar de los más pequeños, promulguen que lo están haciendo según la norma.

No, desde ADENICAT, decimos NO. No se está haciendo según la norma.

Absolutamente todo lo contrario.

Mientras, seguimos denunciando esta mala praxis, pero no hemos encontrado a nadie valiente que afronte adoptar una postura firme y rigurosa de llegar a la raíz del problema.

Es necesario un profundo estudio y una rigurosa investigación sobre el Sistema de Protección a la Infancia en Cataluña.

A ADENICAT no le sirve la respuesta que recibimos de profesionales a los que consultamos:

“Esto no puede estar pasando”

Si, está pasando. Cada día, en Cataluña, alguna persona o profesional involucrado con la infancia vulnera, en ocasiones graves, los Derechos de la Infancia; en muchas ocasiones por una ignorancia inexcusable de estos derechos, en otras por negligencia o cobardía.

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